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La Tragedia Cultural del Siglo XXI: El Tren Militar

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Destrucción masiva de monumentos arqueológicos que está ocurriendo en México debido a la construcción del Tren Maya, en la que están implicados el Presidente de la República, el ejército mexicano, el director del INAH y una gran cantidad de arqueólogos y trabajadores.

Por Arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer.

A pasos agigantados la construcción del Tren Maya avanza en el último tramo, el 7 (de Chetumal a Escárcega). Jamás en la vida me había enfrentado a un saqueo y a una destrucción masivas de monumentos arqueológicos como la que está ocurriendo en el Sureste de México, en ninguna parte del mundo pasa esto, no se imaginó uno que los propios actores serían el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el ejército mexicano, el antropólogo Diego Prieto, director del INAH y una cantidad enorme de arqueólogos y de trabajadores para cometer actos criminales como los que he podido constatar y documentar.

Los soldados, los arqueólogos y gente de diversas poblaciones cercanas participan aceleradamente en excavar unas veces, “escarvar” en otras y en muchos casos en “saquear” los sitios arqueológicos, pero hablando en términos legales las “zonas arqueológicas”. Existen tramos sin levantamientos topográficos que no se dibujarán, estructuras excavadas encima sin calas de aproximación, pozos y/o saqueos en medio de las habitaciones prehispánicas, retículas “arrombadas” en lugar de angulares, se buscan objetos más no sociedades ni formas de vida, abundan materiales arqueológicos encima de las excavaciones sin control ni protección. No hay veladores que vigilen los hallazgos, la rapiña está en su apogeo.

La inexperiencia de los pasantes de arqueología y de los milicos que fueron enviados a una guerra sin fusil donde se trata de “rascar” y no de explorar confunden andadores o camellones con plataformas y montículos seriados. También se observan estructuras en la ruta que se saltaron a propósito porque el tiempo apremia, las máquinas van atrás y están por llegar: excavadoras, mini excavadoras, retro excavadoras, dragas, manos de chango, moto conformadoras, enormes camiones de carga transitando sobre las estructuras sin explorar, trailers con durmientes, con balastro, piedra y grava, infinidad de equipo y maquinaria jamás antes visto.

En Chetumal cada 15 días se ve a Diego Prieto en las oficinas del Centro INAH Quintana Roo y transitar por las calurosas avenidas acompañado de su séquito regional y de sus fans rumbo al Fiesta Inn donde se encuentra el hogar oficial del Presidente López Obrador. Helicópteros de la Marina, de la Guardia Nacional y del Ejército surcan los aires del Caribe a las orillas del país vecino de Belice.

Se observa el despliegue de camiones con todo tipo de guardias para custodiar al presidente, perturbando al mismo tiempo la paz y la tranquilidad de esta pequeña capital apolítica, sumisa y callada ante todo lo que pasa en torno al Tren Militar y otros temas.

El pasado jueves 27 de abril, ante la ausencia del presidente, Diego Prieto tuvo la oportunidad de apoderarse del tiempo con en el micrófono aprovechando la ausencia del presidente, lo hizo para extenderse en los avances de las exploraciones de la ruta del tren y otros temas. Refirió que ya se cuenta con el visto bueno del 97% en el Tramo 7, es decir, ya no hay nada más que hacer en el tema del rescate, así lo dio a entender porque la obra está casi terminada según él.

Lo cierto es que el tramo 7 son 254.5 kilómetros y en la realidad, el papel del INAH en cuanto a las exploraciones, apenas están empezando según lo hemos constatado un antropólogo, un historiador, un arqueólogo y un campesino.

Nuestro flamante informante, el director del INAH no dijo la verdad ese jueves, ¡¡¡mintió!!!, no tocó el tema de la destrucción al patrimonio arqueológico que se está cometiendo, ni mucho menos se refirió al atentado psicológico que están sufriendo las comunidades originarias por el paso del Tren Militar por sus territorios, porque este antropólogo se encuentra jugando el mismo rol en México que el de los antropólogos norteamericanos cuando fueron enviados a Vietnam para ejercer la antropología aplicada, aunque en Quintana Roo no es el primero, ya algunos gobernadores pasados contrataron los servicio de uno llamado Cuauhtémoc Cardiel para desestabilizar ejidos, partidos, candidatos opositores, líderes, instituciones y asociaciones civiles.

Entre otros temas, el antropólogo Diego Prieto anunció al hallazgo de miles de tiestos, como si el mundo común y corriente supiera el significado de ese término, se refirió como cada lunes a simples tepalcates de barro, pero con las cifras que anuncia quiere impresionar, obviar los hallazgos. Habló del descubrimiento de una vasija con la cabeza de una deidad mitológica y se convirtió en el pregonero de un próximo simposio académico internacional sobre la cultura maya, pero no tocó el tema medular, el de la destrucción oficial que el propio INAH se encuentra avalando.

La transcripción estenográfica de la intervención de Diego Prieto en la mañanera del día 27 de abril y las pruebas que presento en este artículo de lo que está sucediendo en Quintana Roo revelan las contradicciones que caracterizan a nuestro sumiso y entreguista director: “Los hallazgos han sido muy importantes, ya iremos dando cuenta como lo hemos hecho en ocasiones anteriores de algunos de ellos. El viernes todavía con el presidente le pudimos presentar algunos hallazgos muy interesantes que sobre todo están apareciendo en el Tramo 7 en donde prácticamente a cada paso vamos encontrando estructuras, plataformas, edificios abovedados, y en donde hemos tenido que encontrar soluciones de ingeniería imaginativas y cuidadosas para salvar esta información y estas estructuras arqueológicas.”

Por lo menos las estructuras que yo vi, que hasta ahora son alrededor de un ciento no existen indicios de que vayan a ser salvadas, incluso la orden de su destrucción se encuentra inscrita oficialmente en cintas amarillas en las balizas de las estructuras a lo largo del tramo.

Diego Prieto agregó: “Probablemente muchos de estos edificios en su momento con posterioridad puedan ser restaurados para que en el curso del tren para que los viajeros que van por el tren (sic) vayan observando estos edificios, estas pirámides, estas plataformas.”

Durante estos recorridos no ha sido fácil acercarse a los espacios de operación, evitamos enfrentarnos con los soldados y los arqueólogos, ya que las excavaciones a veces cuentan con seguridad militar en los accesos, porque como sabemos es un proyecto de “seguridad nacional” (¿) por eso no escuchan, no ven, no sienten, pero su necesidad laboral es comprensible. Hemos optado acudir desde Chetumal a los tramos por las tardes a ocasionalmente, casi al caer el sol cuando está todo abandonado o el domingo como hoy que no hay nadie salvo las garrapatas y la fauna salvaje que siempre nos dan la bienvenida.

En la ruta del tren es frecuente observar herramientas arqueológicas que por la inexperiencia de los “exploradores” no son identificadas sino más bien confundidas con piedras naturales. Por referencias de los trabajadores, se nos informó que en este tramo también se encuentran arqueólogas que estuvieron excavando con los militares en el Aeropuerto de Santa Lucía y que por eso llegaron a los trabajos del tren. Apenas la semana pasada el arqueólogo Manuel E. Pérez Rivas, trabajador del INAH y responsable del salvamento arqueológico del Tren Maya, hizo declaraciones negando la destrucción de monumentos arqueológicos en Quintana Roo, cuando un grupo multidisciplinario de manifestantes se apostó frente a palacio nacional para protestar contra los ataques al medio ambiente y por la destrucción de monumentos arqueológicos.

Según el autor de la nota recientemente publicada en redes sociales, J. Francisco de Anda que el arqueólogo (¿): “…rechazó que en el caso del Tren Maya se estén destruyendo los vestigios arqueológicos o que se pongan en riesgo los restos de asentamientos prehispánicos”. Sabemos que hay riesgos de pérdida arqueológica durante los salvamentos, pero en el caso del tren casi todo es pérdida, principalmente en la arquitectura monumental.

Además de lo anterior lo más lamentable es lo que se está experimentando en carne propia ahora, trabajo desde hace 30 años en un sitio arqueológico llamado Chakanbakan donde se han explorado varios monumentos que se encuentran consolidados y expuestos. El lugar se vigila permanentemente con dos custodios. La zona arqueológica está registrada y protegida por la poligonal oficial. El problema álgido es que el tren cruza a la mitad del sitio arqueológico fuera del área nuclear. Desde la aprobación de la obra del tren este sitio empezó a ser objeto de especulación con la tenencia de la tierra, gente extraña, militares y otro tipo de sujetos se apoderaron de amplias extensiones del sitio. Se abrió arbitrariamente un camino desde la carretera federal derribando mojoneras, árboles y violando la poligonal envolvente hasta casi alcanzar el centro cívico religioso, destruyendo al mismo tiempo monumentos arqueológicos.

Desde entonces la zona arqueológica, la fauna y la flora se ven constantemente amenazadas por cazadores del mismo ejido quienes desde entonces ingresan a matar dentro de los templos o plazas tepezcuintles, jabalíes, venados o monos hembra para atrapar a las crías; animales que se resguardan en ese nicho ecológico desde tiempos inmemorables y que hasta hace poco se encontraban protegidos por la poligonal.

Recientemente se tuvo la oportunidad de conversar con un funcionario del Seguro Social, comentó que han estado llegando al hospital arqueólogos con Rickettsiosis, esa enfermedad la hemos padecido los trabajadores y quien esto escribe en varias ocasiones, es mortal si no es atendida con oportunidad. Según él los enfermos están recibiendo su tratamiento. No obstante, de haber sido designado por el Presidente de la República este proyecto como de seguridad nacional, el Tren Maya es la obra ambiental y cultural depredadora más grande de que se tenga noticia en los tiempos modernos, aun así con el peligro que representa continuaremos documentando esta tragedia nacional, seguiremos hablando con el personal de las exploraciones, quienes muchos de ellos tampoco están de acuerdo en la forma en que se está desarrollando el trabajo de investigación arqueológica porque no se van a quedar en pie los monumentos.

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