Morena se enfrenta a un desafío monumental en el horizonte del 2024 con la ausencia de Andrés Manuel López Obrador en la boleta electoral. Esta situación complica significativamente el panorama para el Movimiento Regeneración Nacional, que ha sido el bastión del presidente. Pero más allá de las complejidades partidistas, se plantea una cuestión fundamental en el proceso electoral: la calidad de los candidatos que se presentarán.
Los partidos políticos, no solo Morena, sino también la oposición, deben repensar sus estrategias de selección de candidatos. En este sentido, es esencial alejarse de políticos con historiales cuestionables y, en particular, aquellos involucrados en daños patrimoniales a sus municipios o con conflictos de interés.
La política mexicana ha sufrido durante décadas por la presencia de «dinosaurios» políticos, figuras que han estado en el poder durante mucho tiempo y cuyas prácticas y decisiones han perjudicado al país. Si los partidos de oposición desean realmente recuperar el poder, deben mirar hacia el futuro y presentar candidatos frescos y comprometidos con el bienestar de la nación. Esto implica dejar a un lado a los políticos que han agotado su relevancia y que, en muchos casos, han estado involucrados en actos cuestionables.
La división evidente en Morena también plantea una preocupación. Los desacuerdos internos pueden debilitar la capacidad del partido para presentar una plataforma unificada y efectiva en el 2024. La salida de figuras prominentes, como Marcelo Ebrard, deja cicatrices que pueden ser difíciles de sanar.
El proceso electoral en México no solo debe centrarse en la competencia partidista, sino también en la calidad moral y ética de los candidatos. La elección de líderes con historiales políticos intachables y un compromiso genuino con el servicio público es esencial para el futuro del país. Los ciudadanos deben demandar candidatos que representen sus intereses de manera transparente y honesta, y los partidos políticos tienen la responsabilidad de ofrecer esas opciones.
El 2024 será un punto crítico para Morena y la elección de candidatos íntegros será un factor determinante en el destino de la «cuarta Transformación».